El poeta Floridor Pérez

Jaime Vásquez Arriagada

Todos o casi todos los libros tienen un Prólogo, el que abre las primeras páginas. En su libro poético “Cartas de Prisionero” Floridor Pérez lo llamó Post Data. Así era él: lúdico, innovador, breve. (Nunca usó su segundo apellido). Aunque aquel libro contiene su experiencia de detenido político en el período de la dictadura, es un libro de amor y en el Post Data está parte de su biografía, a su manera: “Nací entre el río Puelo y el volcán Yates; aprendí a caminar en Puerto Montt, a leer en Calbuco, a amar en Panquipulli; estudié en Valdivia, me titulé en Victoria, trabajé en los Ángeles; fui relegado a Combarbalá y no tuve más remedio que radicarme en Santiago”.

Minimiza su paso por la vida, sin embargo, hizo cosas importantes y cada rincón patrio fue decisivo para él; el mar del sur lo trasbordó del seno materno al seno de Reloncaví; en el valle central sembró trigo-centeno y cosechó el amor de Natacha, su amada esposa; por la cordillera andina descendió hasta el Plan del Empleo Mínimo. Viajó en buses rurales y trenes de ramal. En el panorama literario nacional estuvo en lo más alto de su generación.

“Dicen que debí haberme ido en 1973, pero consideré que ya habían sido suficientes 15 años de exilio en la escuela rural de Mortandad, lejos de todas partes”, escribe. Sobrevivió y tuvo tiempo suficiente para enseñar y amar. Admiró y respetó a los poetas mayores; apreció y estimuló a los menores. No tuvo “sueños de grandeza ni pesadillas de inferioridad”. Su poesía se define breve. En síntesis, un poeta realizado.

Mucho de lo anterior es su “Post Data”, pero en versión positiva, al revés de su sencilla visión de sí mismo. Como me distinguió con su amistad puedo dar fe que: su orgullo fue ser normalista victoriense; como profesor rural compuso el tejado y el piso de su escuela; sus manos y su silbido suplieron la falta de campana; recorrió a pie los caminos rurales; compartió el frío y la lluvia con sus alumnos; fue respetado por los poetas mayores. Aún más: sus pares y lectores lo postularon al Premio Nacional de Literatura; hizo cosas importantes en donde estuvo, incluido el Santa Cruz nuestro; estimuló a los poetas menores y lo más importante para él: se fue a la Eternidad amando a Natacha. (Lástima, amada, que fue en un día en que se iniciaba la primavera…) Se habrá disculpado.

Otros poetas han escrito manifiestos, autorretratos y epitafios. Floridor Pérez escribió su “Pre-epitafio” en su libro “TRISTURA”. Se empezó a imprimir el día 12 de octubre de 2004, día de su cumpleaños. Me lo obsequió el 2005, con una dedicatoria que, ahora, he releído.

“Aquí ni siquiera yace/ pues no ha muerto todavía/ un tipo que día a día/ cargó la cruz que a Dios place:/plantó un árbol, hizo clases/ le dieron y dio lecciones, /tuvo hijos, publicaciones /y-de serle concedido-/ reeditara lo vivido/ con dos o tres correcciones.” 

En el alma hay tristura, la gran tristeza que nos deja su partida.

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