Opinión: Nuestra cuaresma

Por Mara Venegas Weisse

Queridos lectores/as: Estamos en tiempo de Cuaresma, luego estaremos en Semana Santa.

¿Cómo nos preparamos los cristianos para estos acontecimientos?

En Cuaresma ocurren aspectos ceremoniales de la Liturgia. Cada uno de ellos tiene su importancia y significado: el Miércoles de Ceniza, la Institución de la Eucaristía, la Institución del Orden Sagrado, el domingo de Ramos, el Triduo Pascual y el Domingo de Resurrección.

Por cierto, no es la espera del conejo pascual y sus huevitos de chocolate que le producen una hiper glucemia a nuestros niños. Lo importante, es el propio Jesús, que en el huerto de los Olivos comenzó su Pasión -voluntariamente aceptada- por las faltas de la humanidad. La de ese tiempo, la de ahora y la de los tiempos que están por venir.

Esa noche, él pidió a sus propios seguidores, a los más fieles, que lo acompañaran en oración… ¿Qué hicieron sus propios apóstoles?, se quedaron dormidos.

Tres años de predicación, de estar juntos, de ser testigos de sus milagros, parecían no dar frutos. Su vida y su sacrificio pasaban cuenta.

Mas Jesús no se amilanó en esa hora fatal, por eso el cristiano lo acompaña: Ora, es estoico en el comer o beber, procura hacer el bien a quien lo necesite a su alrededor. En su familia, sus vecinos, su comunidad. Es la Cuaresma de fraternidad; ella no necesita de grandes sacrificios imposibles de cumplir, o desgastes humanos que no son propios de nuestra condición.

No nos preocupemos por lo que no hacen los demás o cuan pecadores fueron tales o cuales que se dicen cristianos. Ellos tienen su propio camino que sobre andar si quieren alcanzar el perdón, la paz y la felicidad.

Veamos nuestro propio corazón, hurguemos en nuestras propias faltas para enmendarlas y así resucitar con Cristo victorioso en un año más fraternal. Maduremos en nuestra fe, no seamos los eternos adolescentes que no tomamos responsabilidades.

La Ley del cristiano se resume en una sola frase: Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Esta ley moral nos diferencia del agnóstico, del ateo y del secularismo del mundo actual,

Prepárese en familia, las tradiciones son extensibles, sus hijos y nietos las seguirán y la Semana Santa, no será sólo unas vacaciones, sino un motivo de estar juntos y de vivir algo de espiritualidad.

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