Manuel Rodríguez Erdoíza: Un final inconcluso

Jaime Vásquez Arriagada

Parte del título de esta crónica es el nombre del último capítulo del libro “Manuel Rodríguez. Aún tenemos patria” de la historiadora y académica de la U. Católica, Soledad Reyes del Villar.

¡Aún tenemos Patria, ciudadanos! La arenga de Manuel Rodríguez, que conocemos desde los años escolares, pronunciada en uno de los momentos más difíciles que vivieron los patriotas luego de la Sorpresa de Cancha Rayada.

El libro de la historiadora Soledad Reyes es un laborioso esfuerzo por entregar una biografía muy completa de Manuel Rodríguez, porque no es fácil elaborar una secuencia biográfica cuando se trata de un personaje legendario. Sin embargo ella lo logra tras escudriñar cuanto libro o documento se refiere al héroe más querido de nuestra Independencia.

En la biografía del héroe conocemos su infancia santiaguina y familiar y aquellas funciones ejercidas en su vida pública: “Fue abogado, diputado, secretario de guerra, ministro, capitán de ejército y Director Supremo, pero ninguno de estos cargos le dio tanta fama como el rol que cumplió en el período de la reconquista española” resume la historiadora, Reyes del Villar.

Como creyeron que O’Higgins había muerto en Cancha Rayada, la Junta de Gobierno nombró Director Supremo a Manuel Rodríguez. Fueron dos días de mando, los suficientes para levantar el ánimo y el espíritu de lucha de los santiaguinos. Sobre ese brevísimo mandato en las páginas 126 y 127 leemos la siguiente información obtenida de un texto de René Balart, publicado en la revista Punto Final, N° 192, año 8, del 11 de septiembre de 1973: “En ese par de días de marzo de 1818 también alcanzó a dictar un bando que contenía una especie de primera reforma agraria en Chile. Si el ejército que debía conformarse para combatir a Osorio (Mariano) iba a estar formado por campesinos y peones, nada mejor que ofrecerles la tierra de sus patrones…” (¡!)

Con el regreso de don Bernardo O’Higgins, que creyeron muerto, terminó el mandato del héroe popular. Lo entregó formalmente. Pero su suerte ya estaba sellada.

Mientras tanto, en Argentina, sus amigos de infancia, los hermanos Luis y Juan José Carrera, eran fusilados tres días después del triunfo de Maipú. El coronel Manuel Rodríguez, a viva voz, culpó a Bernardo José Monteagudo, abogado argentino al servicio de las autoridades superiores, como el autor de la muerte de los Carrera. Tras sus furibundas acusaciones que impulsaban a los carreristas a la subversión, Manuel fue detenido y posteriormente, asesinado en Tiltil.

Su cuerpo no ha sido encontrado. O no se ha comprobado si corresponde al suyo. Hasta nuestros días continúa la incertidumbre. Incluso se ha afirmado que fue enterrado en la iglesia de Pumanque -asociando su relación amorosa con doña Francisca de Paula Segura y Ruiz con quien tuvo un hijo. Ella sí, falleció en Pumanque.

Si sus actos se confunden con la leyenda, la autora desea que no opaque el legado que dejó a Chile.

La biografía de Manuel Rodríguez aún no tiene final.

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