“Feli” la profesora que se fue en silencio

(En memoria de Felicinda Huenchullán Rodríguez, “Feli”, (QEPD) y dedicado a los miles de Maestros Normalistas que formaron millares de generaciones de alumnos. Sus lecciones permanecen en ellos, sus niños.)

Para muchos dejó de existir la señora de don Luis, la mamá de María Victoria Caballieri, la suegra del profesor Celso Mieville o la abuelita de Milenka y Gerald. Para los que compartimos gran parte de su vida, sabíamos, además, que fue una profesora de larga trayectoria, formada en la Exescuela Normal de Angol. Por lo mismo, que formó parte de aquellos, sin par, maestros normalistas que se iniciaron sirviendo en pequeñas y alejadas  localidades, a las que llegaban ansiosos de entusiasmo y sueños.

En la década de los años ’50 los pueblos y villorrios del país estaban unidos por una red ferroviaria que hoy es solo un recuerdo. Desde y hasta las estaciones había que caminar, cabalgar o transportarse en coches o carretas.

En un día de su juventud, Felicinda Huenchullán Rodríguez, “Feli”, dejó los campos  de su Cullinco natal, cercano a Curacautín y, en su pequeña estación del ramal de Púa a Lonquimay. Junto a su madre,  tomó el tren rumbo a Angol, donde la esperaba el internado de la Normal. Su hermana mayor, Graciela, ya había señalado ese camino unos años antes.

Cumplida su formación profesional plena de coraje femenino, nuevamente tomó el tren para cumplir su primer nombramiento docente. Esta vez llegó hasta Freire, más allá de Temuco, y desde allí a Cunco, la estación punta de rieles. Su destino era Melipeuco (Encuentro de cuatro aguas, según nuestros ancestros), treinta kilómetros más allá, hacia la precordillera, casi en la falda sur este del Llaima, volcán que la había visto crecer y atemorizado, a ella y sus hermanos, desde el lado noroeste.

Llegada a destino, de su mente y su corazón emergió aquel precepto primero del catecismo normalista: “Amarás y enseñaras a los niños como amas a tus hijos” y entre rondas, fábulas, cuentos, canciones y poemas la profesora “Feli” enseñó a leer y escribir e inculcó la honradez y el respeto; el esfuerzo y la voluntad de servir y vivir en armonía con los suyos y la naturaleza.

Un día, entre lágrimas, dejó la pequeña escuelita y los niños de Melipeuco y regresó a Cullinco, la tierra de sus antepasados. En el ir y venir a Victoria conoció y formó su hogar con Luis Caballieri y fueron padres de dos hermosas niñas: Ana María, parvularia, radicada en Puerto Natales y María Victoria, matrona, treinta años jefa de Provida de Santa Cruz.

Atraídos por el imán del cariño y tras terminar su vida docente en la Escuela “Marcela Paz” de Victoria, junto a su esposo, se radicó en Santa Cruz.

El último miércoles de junio, la sonriente muchacha normalista que un día cargó su equipaje de sueños con rumbo a la escuelita de Melipeuco, terminó su viaje en tierras colchagüinas.

Como miles de maestros que la precedieron, la Paz del Cielo es su definitiva estación.

Jaime Vásquez Arriagada, Señora e Hijos.

Un comentario en ““Feli” la profesora que se fue en silencio

  • el 11 julio, 2019 a las 4:19 am
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    Que hermosa firma de relatar la vida de la querida Feli, gracias

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