Durante la Reconquista

¿Quién leerá en estos días “Durante la Reconquista” la extensa novela de Alberto Blest Gana?

En este verano, lo hice. La leí y la disfruté en una edición de la Empresa Editora Zig Zag del año 1955. Son dos tomos, que compré en muy buen estado, nuevos, en una librería de libros usados en Rancagua.

La verdad es que soy alérgico a los libros extensos, pero me propuse leerla en el verano y me entusiasmó tanto que fue imposible dejarla.

La novela está ambientada justamente durante la Reconquista española que se inició con  la Batalla de Rancagua y el desbande de las fuerzas patriotas hacia Mendoza, en donde se logró la reorganización al mando de don José de San Martín y don Bernardo O’Higgins.

Los chilenos que quedaron en este lado de la cordillera, sufrieron las consecuencias de los derrotados.

Como en todas las historias hay malos y buenos. Apreciados y rechazados por los lectores. El papel de malo, malísimo, lo hace el capitán Vicente San Bruno que existió, realmente. Su ferocidad la conocí desde los tiempos escolares cuando dramatizábamos las aventuras de Manuel Rodríguez.  Además, hace un tiempo leí el libro “Francisco Villota, el guerrillero olvidado” del historiador curicano René León Echáiz, y allí, el despiadado San Bruno, hizo pasar un tremendo susto al niño Matías Ravanal, originario de Santa Cruz, cuando éste fue comisionado a entregar un mensaje a los patriotas.

En “Durante la Reconquista” se le pasa la mano al tenebroso capitán. Sin embargo, su conducta inflexible se comprende porque siempre fue un leal servidor del rey.

Contrariamente, el general Mariano Osorio es presentado como una persona que trata de calmar las pasiones de vencedores y derrotados como una autoridad social amistosa y conciliadora.

Para graficar lo difícil de aquel período, Blest Gana, nos muestra la nobleza del coronel realista Hermógenes Laramonte y Trinidad Malsira, hija de patriotas, (versión chilena de  Romeo y Julieta) a quienes los unía el amor y los separaba la situación política y la ciega obediencia de la hija al padre.

También nos permite recordar la mítica participación del Manuel Rodríguez en el aciago período de nuestra historia patria.  Sin su temerario y mágico actuar, liderando grupos de montoneros, la acción militar del Ejército de los Andes se habría retrasado o, simplemente, no habría logrado el objetivo liberador.

Al margen del texto que se lee con sumo interés, es oportuno saber que don Alberto Blest Gana lo escribió y publicó en París, donde residía como diplomático, quien, a pesar de los años de ausencia de Chile, logró plasmar con maestría una novela histórica inolvidable, calidad que motivó su reedición en el 2009, en el Bicentenario de la Independencia de Chile.

¿Habrá alguien que lea “Durante la Reconquista” en estos tiempos?

La respuesta es sí.

Mi amigo Francisco Sepúlveda, en la tranquilidad de su Palmilla, llevó el primer tomo, para iniciar su relectura.

Ojalá que este comentario impulse a nuevos lectores a centrar sus ojos en sus páginas.

Jaime Vásquez Arriagada

Un comentario sobre “Durante la Reconquista

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