Colchagua y el cambio climático

Matías Felipe Toledo

¿Colchagua está siendo afectada por el cambio climático? Un rotundo sí. ¿Esto tiene vuelta atrás? Un rotundo no.

Lo explicaré con dos ejemplos y una reflexión profesional.

Soy de una familia santacruzana, y la persona que me crió, me envió a estudiar a Santiago para, según él, tener una mejor educación, pero, según yo, fue para mantenerme lejos, pues reconozco, que fui un “natre”, considerando que en Santa Cruz siempre ha habido buenos colegios.

Mi infancia pasó entre los fines de semana y vacaciones en mi querido Caillihue y en más de alguna ocasión, en vacaciones de invierno, no pude retornar a mis queridos estudios en Santiago (sarcasmo), porque debido a las lluvias, el camino de La Lajuela a Santa Cruz quedaba tapado en agua. Hoy, 35 años después, existen semilleros y frutales en suelos que solo servían para arroz.

Una vez titulado, trabajé muchos años en el sector de Paniahue, en las riveras del Tinguiririca. Por muchos años, entre el 20 de diciembre y el 15 de enero, no podíamos regar, pues éramos incapaces de tapar el agua para que entrara a los canales por el gran cauce del río. Hoy esa labor la realizan un par de personas con pala, en mediodía.

En verano era prácticamente imposible cruzar el río a caballo; hoy, se cruza de a pie en invierno. Con esto quiero reflejar la dramática situación hídrica de la zona.

Una vez, un gran alcalde de Peralillo, tras el terremoto de 2010, dijo: “Tenemos dos opciones: nos ponemos a llorar o nos levantamos y hacemos frente a la adversidad”. En la actual situación hídrica, necesitamos una política de estado donde nuestras autoridades tengan clara la gravedad de la situación.

Necesitamos tener cientos de embalses en la cordillera para almacenar todos los litros de agua que nos sea posible. Seguro que esto traería un sinfín de oposición de las organizaciones ecologistas, pero yo, en lo personal, si me dan a escoger entre la flora y fauna silvestre y la gente, mi respuesta rotunda es la gente.

Necesitamos políticas claras, en cuanto al manejo de las aguas, lo que no se soluciona estatizando el recurso, sino con un mayor incentivo a la tecnificación de los riegos; mayores y mejores manejos de las aguas residuales y mayor fiscalización de las agua subterráneas; (Santa Cruz, por ejemplo, se encuentra  en un área de restricción y el agua que bebemos es subterránea); debemos educar y concientizar a las personas porque todavía es tiempo de frenar la situación.

Aunque se podrá recuperar mucho de lo perdido, nunca más veremos con agua laguna de Aculeo; nunca más veremos gente tirándose clavados del puente de Paniahue; nunca más veremos la laguna del Maule con su máximo nivel y si no fuera porque está pasando agua de Convento Viejo, nunca más veríamos con agua, en verano, el estero que pasa por mi querido Caillihue.

Mi visión es dantesca, pero es la realidad.

Falta considerar otra arista de esta situación: las temperaturas y la radiación. Así como los seres humanos nos vemos afectados por estos dos factores, alguien piensa como estos factores afectan a la flora y fauna, este tema que lo dejo planteado.

Este pedacito de cielo que es Colchagua cada día cambiará más ¿estamos preparados?

 

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